Internacional

Llamamiento ante la emergencia sanitaria internacional - Covid-19

12 Mayo 2020
Llamamiento ante la emergencia sanitaria internacional - Covid-19

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11 Mayo 2020
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23 Mayo 2020
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30 Abril 2020
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21 Abril 2020
Encuentro  del Secretario General del PCPE, Carmelo Suárez, con la militancia

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14 Abril 2020
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[Murcia] Crónica del 8M

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Si la hipotética salida a esta crisis se diera en clave capitalista el escenario que se abriría ante la clase obrera y los sectores populares sería la de una situación de sobreexplotación generalizada como forma “normal” de vida

Desde hace varios años estamos inmersos en una de las más duras crisis que el sistema capitalista ha tenido en su historia y que esta era una crisis que iba a ser larga y profunda. Decíamos, también, que la estrategia fundamental de la oligarquía para tratar de remontar la crisis sería rebajar el precio de la fuerza de trabajo de la clase obrera.

El precio de la fuerza de trabajo no es más que el coste que supone para el capitalista comprar la capacidad de producir de la clase obrera durante un período de tiempo determinado y con el que obtener una plusvalía, que es la base que la mantiene en el poder como clase dominante.

La existencia de esa plusvalía, es decir, ese valor extra producido por la clase obrera, define esa relación entre capitalista y clase obrera como de explotación. Cuando ese salario no es suficiente para garantizar la reproducción social de la propia fuerza de trabajo ya no estamos simplemente ante la explotación, estamos ante lo que Marx denominaba sobreexplotación.

Y exactamente eso, una acelerada sobreexplotación, es lo que ha estado ocurriendo desde que comenzó esta crisis; es la estrategia que la oligarquía ha colocado sobre la mesa como eje fundamental de la guerra general que ha desatado contra la clase obrera.

Veamos unas pocas cifras. Si nos acercamos a la Encuesta Trimestral de Coste Laboral, publicada por el INE, vemos estos datos:

Durante los primeros años de la crisis, aunque el paro aumentaba vertiginosamente, el precio total de la fuerza de trabajo (y con él los salarios) aumentó tímidamente porque, entre otras cosas, gran parte de la clase obrera estaba acogida aun a los convenios colectivos y era más difícil, desembarazarse de ellos.

Al profundizarse la crisis, a la oligarquía no le bastó con la destrucción acelerada de las fuerzas productivas en forma de despidos y proletarización de un número cada vez mayor de pequeños productores, necesitó profundizar la rebaja del precio de la fuerza de trabajo y ello sin incrementar en demasía el descontento social: era el momento de que el PSOE pasara a la ofensiva. En 2010 aprueba su reforma laboral, con la que empiezan los ataques a los convenios colectivos, auténtica bestia parda para la oligarquía. Además, se facilitó a las empresas los despidos procedentes con la mera alegación de pérdidas, rebajando la indemnización de 45 a 20 días por año trabajado.

Los efectos en el precio de la fuerza de trabajo fueron inmediatos: los salarios, y en general el coste laboral, frenan su ascenso, lo que, unido al constante aumento del IPC y de los impuestos especialmente gravosos para la clase obrera (como el IVA), provocan una fuerte caída del poder adquisitivo de la clase obrera.

Pero lo cierto es que la crisis siguió su curso, demostrando que era mucho más profunda de lo que nos querían vender. Y las medidas del PSOE no fueron suficientes. La oligarquía necesitó tomar directamente en sus manos las riendas del Gobierno, llevando al PP al poder y colocando a representantes directos suyos en el seno del Gobierno. Inmediatamente lanza una segunda reforma laboral (2012) que profundiza de forma brutal la rebaja del precio de la fuerza de trabajo: se abarata el despido, se favorece la llamada “flexibilidad laboral”, se fomentan los contratos basura tanto a tiempo parcial como los llamados de formación y se lanza una ofensiva contra los convenios colectivos, permitiendo a las empresas el descuelgue de los convenios bajo eso que llaman “modificación sustancial de las condiciones de trabajo”.

El resultado es evidente: cada vez hay menos clase obrera acogida a los convenios colectivos, las empresas usan por sistema el descuelgue del convenio y el precio de la fuerza de trabajo comienza desde 2012 una caída imparable, tanto en el salario neto como en el coste laboral total (pagos a la S.S. incluidos). A esto se suma, las rebajas de las pensiones y el aumento exponencial de los contratos basura.

Un par de datos: en dos años se han destruido en España 1.354.644 empleos, reflejo de que la etapa de destrucción de fuerzas productivas aun no ha llegado a su límite mínimo. Por otro lado, en 2013 se firmaron en España 14.792.614 contratos, de los cuales sólo 1.134.949 eran indefinidos (el 7,67%). En eso consiste la llamada, por los “agentes internacionales” flexiseguridad: peores condiciones laborales para la clase obrera y facilidades de despido para la patronal. Por utilizar una figura matemática, la lucha de clases es un juego de suma cero: lo que gana la patronal, lo pierde la clase obrera.
Los datos nos hablan de una bajada salarial especialmente notable en los tramos más bajos, que llega hasta el 16%. Según la Agencia Tributaria, por ejemplo, el salario medio en España se situó en 2012 en los 18.601 euros brutos, un 2,62% menos que en 2011. Más aun, en 2013 las rentas del trabajo pasaron de representar un 54% de las rentas totales a un 50%, en igualdad con las rentas del capital y la tendencia continúa: en otras palabras, la oligarquía cada día se apropia de mayor porcentaje de la riqueza generada por al clase obrera.

Decía Marx que el capitalismo necesitaba la continua creación y mantenimiento de un ejército de reserva que actuara como un elemento “disciplinador” de la fuerza de trabajo. Y eso exactamente es lo que han proporcionado las reformas laborales del PSOE y el PP. La última EPA de 2013 nos habla de 5,8 millones de personas en paro en España (26,03%).

Conviene profundizar en estas cifras. 1,8 millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro. De esos casi 6 millones de personas en paro, 3,5 millones llevan más de un año en esa situación y 2,3 millones llevan más de dos años. Parece una paradoja pero aunque haya más personas en paro, el Estado paga cada vez menos en Seguridad Social porque a un número cada vez mayor de personas se les acaban las prestaciones sociales.

Hay 686.000 familias en riesgo grave de exclusión porque no tienen ningún ingreso y el capitalismo es incapaz de absorber esa fuerza de trabajo a ningún coste. Un ejemplo, en 2013 visitaron las Islas Canarias un 18% más de turistas que en 2012, pero ese aumento de la entrada de turistas no se ha traducido en una reducción del paro en las Islas por muy bajo que sea el precio de la fuerza de trabajo dedicada a este sector en las Islas.

Esta situación dramática de la clase obrera española le ha permitido a la oligarquía rebajar a tal nivel el precio de la fuerza de trabajo que incluso ha convertido una parte importante de su jornada laboral en gratuita. En efecto, como nos cuenta el INE, la clase obrera realiza cada semana 2,5 millones de horas extras que la patronal no paga, 2,5 millones de horas en las que la clase obrera trabaja gratis para el patrón cada semana. En otros términos, el 52% de las horas extras que hace cada trabajador/ra no son pagadas por la empresa. Eso, en puestos de trabajo, serían 65.500 empleos que la patronal se ahorra gracias a esas horas no pagadas.

En definitiva, como el PCPE lleva diciendo desde hace años, si la hipotética salida a esta crisis se diera en clave capitalista (para lo cual juegan un papel fundamental no sólo los gobiernos “conservadores”, sino también los socialdemócratas y reformistas) el escenario que se abriría ante la clase obrera y los sectores populares sería la de una situación de sobreexplotación generalizada como forma “normal” de vida.