02 de Abril 2016

Tesis I del X Congreso: la lucha de clases a nivel internacional y los retos de los y las comunistas.

Escrito por  Comité Central
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El IX Congreso del PCPE se celebró, en diciembre de 2010, en un momento marcado por el estallido de la crisis capitalista. La magnitud de la misma y la profundidad de sus implicaciones para la clase obrera española y mundial obligaron a que el PCPE dedicara una parte fundamental de los documentos del IX Congreso a su análisis.

La caracterización de la crisis capitalista fue la base sobre la que, en todo el período posterior hasta este X Congreso, nuestro Partido ha podido desarrollar una posición a la ofensiva en los planos político e ideológico, a la que hay que añadir un seguimiento del desarrollo de la crisis y de toda una serie de fenómenos que se han ido produciendo en el mundo y que hoy nos permiten tener una visión más afinada y más completa sobre las tareas a desarrollar por el PCPE.

La Tesis I del IX Congreso, en sus líneas esenciales, sigue vigente. La Tesis 1 del X Congreso coloca sobre la mesa varias ideas centrales sobre las que el conjunto del Partido debe discutir para mejorarlas y completarlas, haciéndolas así mucho más útiles para nuestro trabajo político.

Las ideas centrales a debate.

En el plano internacional, la Tesis parte de la base de que la formación socio-histórica capitalista está agotada, lo que se visualiza con claridad en la incapacidad que tiene para resolver los problemas de la Humanidad y para seguir desarrollándose si no es mediante el recurso continuo a la violencia y la guerra. El capitalismo se ha convertido en un corsé que impide la satisfacción de las necesidades de la población mundial y que, constantemente, precisa de la destrucción de fuerzas productivas arrasar las condiciones de vida y trabajo de las mayorías trabajadoras.

El imperialismo, como capitalismo parasitario, agonizante y en descomposición, configura un mundo caracterizado por la interdependencia económica desigual entre países, donde el grado de explotación de la clase obrera se eleva dramáticamente a todos los niveles y donde se multiplica el peligro de la guerra generalizada derivada de la agudización de las contradicciones inter-imperialistas, que se sustancia de forma altamente inestable en un marco de unidad y lucha entre potencias y alianzas interestatales de carácter imperialista.

Lenin señalaba que lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de capital. Efectivamente hoy el capital puede circular por el mundo con prácticamente absoluta libertad e inmediatez. Esta exportación de capital, que además es un medio para estimular la exportación de mercancías, que se lleva a cabo en nuestros días mediante diversos mecanismos como la Inversión Extranjera Directa (IED) y otros, se caracteriza además por ser multidireccional, es decir, los capitales no se exportan sólo a partir de las potencias que ocupan los eslabones más fuertes de la cadena imperialista, sino que todos los países capitalistas son exportadores e importadores de capitales.

Esta realidad genera dos consecuencias inmediatas. En primer lugar, la socialización creciente del trabajo y la producción a nivel mundial hace que los monopolios de cualquier país estén hoy más cerca que nunca de poder explotar a la clase obrera de cualquier otro país o, dicho de otra forma, toda la clase obrera mundial puede ser objeto de explotación por parte de los capitalistas de todos los países.

En segundo lugar, el constante flujo multidireccional de capitales y la socialización de la producción, permite afirmar que las relaciones económicas entre países se caracterizan por un alto grado de interdependencia, que es es necesariamente desigual porque los monopolios se benefician de la operatividad de la ley de desarrollo desigual imperante en el capitalismo.

No obstante, el problema es que esta interdependencia económica no suprime las contradicciones en el seno del sistema imperialista, sino que agrava y agudiza las rivalidades interimperialistas, tal como hemos podido observar en los últimos 30 años.

Esta agudización no es un hecho coyuntural, sino que es un fenómeno propio del imperialismo que se vio acelerado tras el triunfo de la contrarrevolución en la Unión Soviética y en el campo socialista europeo. Hasta entonces, y durante buena parte del siglo XX, la existencia de un bloque socialista mundial hizo que las contradicciones en el seno del campo capitalista se modularan y se subordinaran a la lucha contra el enemigo principal y común que era el conjunto de países que construían el Socialismo.

En nuestros días, ya sin el dique de contención que eran los países socialistas, las dificultades que tienen los capitalistas para proceder a la reproducción ampliada de capital generan una competencia creciente entre las potencias, que buscan favorecer a “sus” monopolios mediante dos vías principales: el incremento de la tasa de explotación de la clase obrera y el control de los recursos y los mercados.

La pertenencia a alianzas imperialistas de Estados, cuyo ejemplo más avanzado es la Unión Europea, permite, además, que los monopolios puedan desarrollarse en nuevos mercados y acceder a fuerza de trabajo más barata que la de sus países de origen. La escasez de recursos, la creciente importancia de sus rutas de transporte y la necesidad de mercados donde realizar el valor del capital, multiplican los enfrentamientos entre grupos monopolistas y sus estructuras político-militares, que se materializan en forma de guerras comerciales, conflictos armados a escala regional, intervenciones militares, derrocamientos de gobiernos y todo tipo de injerencias y peligrosas maniobras que hacen más cercano el peligro de una guerra imperialista generalizada.

De ahí que la lucha contra la guerra imperialista sea uno de los ejes centrales de trabajo en el próximo período, desmarcándonos del pacifismo burgués, que no ataca a las verdaderas causas de la guerra, y partir de la concepción de que la lucha contra la guerra imperialista es inseparable de la lucha contra el sistema que la genera.

Pero la generalización de la violencia no se da exclusivamente en el plano de relaciones entre países, sino que también se acrecienta en los marcos estatales. Dada la necesidad de la oligarquía por legitimar su posición de dominio y por afianzas su hegemonía ideológica entre todas las capas y sectores sociales, incluso los más explotados, se constata una tendencia generalizada a la reacción, que vulnera constantemente los principios que dicen defender los sistemas democrático-burugeses.

En esta línea tenemos ejemplos como el creciente control de las comunicaciones y la limitación paulatina de la legislación burguesa en cuanto a las libertades de expresión, reunión y asociación, incluso las detenciones preventivas sin acusación, todo ello mediante el uso de los mecanismos que confiere el derecho burgués y la utilización masiva de recursos como la “lucha contra el terrorismo”.

La lucha ideológica se convierte así en un elemento central del próximo período. La manipulación ideológica, favorecida desde los centros de poder y ejecutada por los medios de comunicación burgueses y el resto de aparatos ideológicos vinculados al Estado o al capital monopolista, generan desinformación, deformaciones y sientan las bases para la legitimación de los ataques a la clase obrera y los pueblos del mundo por parte del capitalismo español y sus aliados.

Por otra parte, la Tesis I entra también a analizar el desarrollo creciente y acelerado, aunque no exento de problemas, de alianzas estatales de carácter imperialista en un mundo en el que los Estados Unidos, siendo la principal potencia, va viendo socavada su hegemonía por la aparición y fortalecimiento de nuevas potencias.

Se va configurando una nueva correlación de fuerzas en el plano internacional que es altamente volátil en un mundo en el que se multiplican las agresiones a terceros países y se refuerzan estructuras de cooperación supraestatal a todos los niveles y en todas las regiones del planeta.

Va conformándose así una nueva política de bloques caracterizada por la relativa debilidad de las alianzas, por la ausencia de un bloque socialista y por la aceptación generalizada de las leyes de desarrollo capitalista, lo que sitúa a los y las comunistas ante la responsabilidad de analizar adecuadamente la correlacíón de fuerzas en cada momento y el papel de cada potencia, evitando caer en la trampa de favorecer a unas u otras potencias imperialistas, evitando colocar a la clase obrera mundial ante la disyuntiva de elegir entre un imperialismo u otro.

La crisis general del capitalismo.

Todos los elementos señalados hasta el momento son los que caracterizan, de forma general, el escenario en el que se ha ido desarrollando la crisis de sobreproducción y sobreacumulación capitalista que analizamos en nuestro anterior Congreso.

La gestión de la crisis capitalista realizada por los distintos gobiernos burgueses, con un impacto tremendamente negativo en las condiciones de vida y trabajo de la mayoría obrera y popular, ha puesto de manifiesto los limites históricos del sistema capitalista y hace que sea posible afirmar hoy que el sistema capitalista en su conjunto se halla sumido en una crisis general. Esta crisis general se expresa en su alto grado de parasitismo y en la descomposición que, cada vez con mayor frecuencia, desata crisis de sobreproducción y sobreacumulación que se ven agravadas por otros factores como los energéticos, los alimentarios o los medioambientales.

La crisis capitalista ha mostrado que no existe en el sistema capitalista margen para nuevas concesiones a las masas trabajadoras, a pesar de que el carácter cíclico de las crisis conduzca a períodos de crecimiento económico, antesala de nuevas crisis. Esta idea es fundamental para la elaboración de una táctica y una estrategia del PCPE en el próximo período.

Ante esta situación, se ve con claridad que las posibilidades de gestión burguesa de la situación actual son tremendamente limitadas. En casos como el de Grecia, con el gobierno de Syriza, se comprueba que, para la clase obrera y los sectores populares, no caben soluciones de ningún tipo en el seno del capitalismo ni utilizando los mecanismos económicos del capitalismo.

La Tesis I sitúa con claridad que el sistema capitalista está llevando al planeta a una situación gravísima que ya sólo es posible resolver mediante un cambio revolucionario, mediante el derrocamiento del poder burgués y la construcción del poder obrero y popular, el socialismo. Debemos tener en cuenta que el capitalismo actual cada vez asienta con mayor firmeza las bases materiales de la sociedad socialista: el desarrollo exponencial de las comunicaciones, el progreso científico y técnico a todos los niveles, las posibilidades técnicas que facilitan la planificación económica y el reparto de la producción social, así como la capacidad productiva en todo el planeta, permitirían hoy la satisfacción de todas las necesidades de la Humanidad en su conjunto si desapareciesen las relaciones capitalistas de producción.

De ahí surge la necesidad de la socialización de los medios de producción y la planificación centralizada y democrática de la economía como mecanismos que adecuen el desarrollo de las fuerzas productivas y la base material que se va desarrollando. Por ello, independientemente de la correlación de fuerzas que pueda existir en un momento u otro de la fase imperialista de desarrollo capitalista, el objetivo de la construcción socialista no puede desaparecer ni del discurso ni de la práctica de los partidos comunistas y obreros.

En cuanto a nuestro trabajo internacional para el próximo período, la Tesis considera que los debates en el seno del Movimiento Comunista Internacional deben enfocarse a obtener una posición lo más unificada posible frente a fenómenos de crucial importancia para la clase obrera mundial: la caracterización del imperialismo como sistema, no como política exterior de una u otra potencia; la guerra imperialista y sus consecuencias; la política de alianzas y la vía revolucionaria para la toma del poder político por la clase obrera.

El PCPE, que apuesta por la unificación política e ideológica del MCI sobre la base del marxismo-leninismo, se fija una serie de ejes de intervención y se marca como objetivo la potenciación de los mecanismos de tipo político e ideológico de cooperación que actualmente existen, así como el desarrollo de las relaciones bilaterales con el resto de partidos comunista y obreros.

Por último, la Tesis realiza una referencia al trabajo en la lucha antiimperialista y por la paz, dado que  una de las ideas esenciales del documento es que la lucha de la clase obrera y los pueblos del mundo contra las expresiones de la barbarie imperialista debe constituir uno de los ejes esenciales del trabajo político-ideológico en el próximo período.

Nuestra concepción leninista del imperialismo como fase específica del desarrollo capitalista implica que nuestro trabajo antiimperialista no debe centrarse únicamente en la solidaridad internacionalista, sino configurarse como una lucha frontal contra las distintas expresiones de violencia y dominación imperialista, y por tanto abarca un espectro más amplio que la solidaridad con países agredidos.

El PCPE apuesta por crear estructuras antiimperialistas que cuenten con objetivos concretos, mantengan su independencia ideológica frente al pensamiento burgués, una base clasista y clara orientación de masas, lo que permitirá el desarrollo de un fuerte movimiento popular que aportará una faceta más a la alianza social que se articula en el Frente Obrero y Popular por el Socialismo.

Sin duda alguna, las aportaciones de las células a los planteamientos de la Tesis la harán un documento sólido y útil para el trabajo en el futuro. Buen debate.

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