Intervención del PCPE en el encuentro “Lucha contra la barbarie de la OTAN en Oriente Medio y el norte de África”

 

Estambul, 2-3 de febrero de 2013

  

La lucha contra la OTAN se enmarca en la lucha por el Socialismo-Comunismo

 

 

Estimados camaradas:

en primer lugar me gustaría agradecer al Partido Comunista de Turquía la invitación a participar en este evento contra la OTAN.

El PCPE acude a este encuentro con la convicción de que el intercambio de opiniones y experiencias dará lugar a una mayor coordinación de las luchas de nuestros partidos en nuestros respectivos países contra una de las principales herramientas de las potencias imperialistas como es la OTAN.

Consideramos que las acciones de la OTAN en Oriente Medio y el norte de África forman parte de la estrategia de dominación imperialista de un territorio de importancia geoestratégica creciente. Al  mismo tiempo, estas operaciones se insertan en una operación combinada en la que las formas de intervención son múltiples y los actores varían en función de la coyuntura, siendo unas veces Francia, otras Italia u otros países quienes encabezan la intervención en función de sus propios intereses imperialistas, agrupando tras de sí a un grupo de países más o menos heterogéneo.

Siendo esto así, no cabe duda entonces de que la lucha contra la OTAN, cuyo carácter de alianza militar imperialista creemos que no está sometido a discusión, no puede concebirse independientemente de la lucha en el seno de esos países que la conforman y que, al mismo tiempo, muchos de ellos forman parte de otras estructuras como la Unión Europea, cuyo carácter de unión interestatal imperialista creemos que tampoco está sometido a discusión.

Mali es hoy un buen ejemplo de este carácter multifacético de las intervenciones imperialistas. Siendo Francia la principal potencia interesada en intervenir en ese país africano, existe un apoyo expreso de la OTAN a su intervención, aunque ello no suponga un despliegue abierto de fuerzas de la OTAN como tales. No obstante, son varios los países miembros de la OTAN que están cooperando con Francia en esta intervención, utilizando la excusa del “apoyo logístico”, como es el caso de España, Bélgica, Alemania, Canadá o Estados Unidos, entre otros.

Las operaciones de este tipo están recogidas en el denominado “Nuevo Concepto Estratégico” de la OTAN, que expresamente menciona la posibilidad de brindar su apoyo a la denominada Identidad Europea de Seguridad y Defensa (IESD), según la cual los aliados europeos podrán realizar misiones por sí mismos “según las necesidades de cada momento”.

En el caso actual de Mali, como vimos recientemente en Libia o vemos también hoy en Siria, la posición de la Unión Europea es unánime en defensa de los intereses imperialistas de alguna de sus potencias. También la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa (PACE), tristemente famosa por sus proclamas anticomunistas, ha adoptado una resolución en la que se apoya la intervención francesa y que contó con la mera abstención de varios representantes del Grupo Parlamentario de la Izquierda Unitaria Europea de Holanda, Dinamarca o Israel, e incluso el voto a favor de un representante moldavo.

El problema no está solo en la existencia de la OTAN como una de las herramientas del imperialismo, sino que reside en el propio carácter imperialista de las potencias que la componen, que ocupan un lugar u otro en la pirámide imperialista en función de múltiples factores y cuyos propios intereses geoestratégicos unas veces demandan operaciones coordinadas a nivel internacional bajo el paraguas de la OTAN, pero otras veces es el de la UE y otras veces se consideran “domésticas” y se articulan mediante el apoyo de otros países a las acciones iniciadas por una de esas potencias.

Estas alianzas imperialistas, de uno u otro tipo, no están exentas de contradicciones internas, generadas por el choque de intereses particulares de unas potencias y otras, pero tales contradicciones se atenúan ante el elemento que unifica a esos países miembros, que no es otro que su posición clasista contra el proletariado, los pueblos y el socialismo – comunismo.

Por todo ello, para el PCPE la lucha contra la OTAN se debe enmarcar, sin dudas, en una lucha de carácter más general contra todo tipo de alianzas imperialistas, pues todas ellas, de diferentes formas pero coordinadas, promueven y defienden los intereses monopolistas en amplias regiones del planeta.

Partiendo de esta base, el PCPE considera que es una grave irresponsabilidad plantear que la posición contra la OTAN, enmarcada en la más general lucha antiimperialista, pueda resumirse en la petición de la “disolución” de la misma o mediante la “salida” a secas, de nuestros países de esta estructura.

La primera posición parte de dos graves errores, a nuestro juicio: por una parte, pensar en la posibilidad de convencer a todos los países miembros de la necesidad de prescindir de tal herramienta, lo cual choca frontalmente con sus propios intereses imperialistas. Por otra, que se pueda insinuar la posibilidad de que un proceso revolucionario que ponga fin al poder burgués se dé al mismo tiempo en todos los países miembros de la OTAN, de forma que todos ellos, ya avanzando en la construcción del socialismo-comunismo, decidan disolver una estructura que sería ya innecesaria en las nuevas relaciones internacionales. Tal planteamiento lo consideramos idealista y que, además, negaría el papel del concepto leninista del eslabón débil, nacido de la constatación de la operatividad de la ley de desarrollo económico y político desigual propia del imperialismo. Para nosotros esta posición, en la práctica, retrasa injustificadamente la lucha antiimperialista a unas condiciones ideales que no se darán en la lucha revolucionaria.

Por otra parte, una simple “salida” de la OTAN, sin llevar aparejada, al mismo tiempo, la construcción del socialismo, ignora flagrantemente el hecho de que el carácter imperialista de un país no viene determinado por la superestructura política en la que se enmarca, sino por la base económica marcada por las relaciones de producción que se dan en su seno. Así, en la actual fase del capitalismo, todo país capitalista está inserto en la cadena imperialista, y sus intereses van encaminados a lograr la mejor posición en esa cadena. En el caso de España, la participación en la OTAN, de la misma manera que la participación en la Unión Europea, mejora su posición en la cadena imperialista, mejora la promoción de los intereses de sus monopolios, y por tanto es necesario luchar contra esos monopolios y ahí insertar la lucha contra la OTAN, contra toda alianza imperialista. 

Nuestro país es miembro de la OTAN desde hace casi 31 años, alberga cinco cuarteles generales de la OTAN, forma parte de la estructura del escudo antimisiles norteamericano, alberga el centro de operaciones aéreas combinadas para el sur de Europa, las Islas Canarias son utilizadas como plataforma para las intervenciones en África, y España, en los últimos años, ha participado militarmente de manera activa en países como Bosnia, Kosovo, Afganistán, Somalia, Sudán, Uganda, Namibia, Eritrea, Ruanda, Chad, Congo, Libia, Irak, Líbano y Haití, bien bajo el paraguas de la OTAN, de la UE o de la ONU.

La pregunta es, por tanto: ¿es posible luchar contra la OTAN sin luchar al mismo tiempo contra el resto de alianzas imperialistas y, especialmente, contra el propio poder de los monopolios en nuestros países que necesita de la presencia de nuestros países en esas estructuras? ¿Es posible plantear hoy la salida de la OTAN sin plantear al mismo tiempo el derrocamiento del poder burgués y la construcción del socialismo-comunismo? Pensamos que no.

Nosotros pensamos que la lucha contra la OTAN pasa por el mismo camino que la lucha contra otras alianzas imperialistas como la Unión Europea: desvinculación unilateral de estas alianzas en el proceso de construcción del socialismo-comunismo en nuestros países, porque no es posible plantear una salida de estas estructuras sin hablar de un cambio a nivel del poder político.

En nuestro 9º Congreso afirmamos muy claramente que estructuras como la OTAN y la UE no son reformables, que no es posible hoy hablar del abandono de las mismas sin una solución clasista, socialista. Por ello entendemos que los pasos a seguir son los siguientes:

-La suma de fuerzas a nivel estatal hacia la transformación socialista del país, que permita un cambio en la correlación de fuerzas y el planteamiento de otra economía que sirva a los intereses de la clase obrera y los sectores populares y que asiente unas relaciones económicas y sociales entre países basadas en el beneficio mutuo y no en el despojo y la agresión. Esta economía al servicio del pueblo, acompañada de un proceso de transformación social, implicaría el abandono de todas las estructuras de dominación imperialista y el establecimiento de acuerdos diferentes con el resto de países.

-La búsqueda de posibles alianzas coyunturales y, otras, estratégicas, con fuerzas de países miembros de la OTAN y la UE que se opongan a las políticas y agresiones de la UE y la OTAN y en defensa de los pueblos en lucha en todo el mundo, para presionar a las potencias imperialistas y articular el Frente Mundial Antiimperialista en el que habrá que disputar la hegemonía al¡ las posiciones reformistas.

-La potenciación de herramientas del movimiento antiimperialista mundial como el Consejo Mundial por la Paz

Si no avanzamos en esta dirección, si no clarificamos y coordinamos las posiciones del movimiento comunista frente a las alianzas interestatales que utilizan las potencias imperialistas contra los pueblos, estaremos perdiendo la oportunidad de levantar, de una vez por todas, la alternativa de la clase obrera y de los pueblos por un mundo sin saqueo y sin explotación.

 

Muchas gracias.