Contribución del PCPE al seminario “Sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa”

 

Artículo y contribución del PCPE  al seminario “Sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa” y la lucha de clases en la UE en la actualidad

Hace ya un siglo, en 1915, Lenin escribió el artículo “sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa”. En él Lenin toma posición sobre la necesidad o no de situar esta consigna como elemento movilizador de la socialdemocracia revolucionaria de aquella época. Si nos detenemos en el estudio y el análisis del artículo de Lenin podremos interferir la capacidad dialéctica que poseía Lenin y su enorme conocimiento y dominio del marxismo para aplicarlo en las condiciones concretas de la lucha de clases de ese periodo. Algo que es absolutamente necesario para su aplicación correcta en la actualidad por parte de los destacamentos marxistas-leninistas.

¿Cuál era, grosso modo, las condiciones concretas de la lucha de clases en Europa que determinaban el análisis sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa?. Europa en 1915 vivía momentos convulsos. Momentos de eclosión y enfrentamientos en la lucha de clases, pero, por ello mismo, necesitados, por parte de las fuerzas revolucionarias, de un análisis riguroso y científico de la situación. Europa estaba en plena Guerra Mundial. El desarrollo del imperialismo (factor éste que Lenin situaba como la última fase del capitalismo, había sido analizado y concretado por parte de éste en diversas obras y artículos suyos). El mundo estaba en plena lucha imperialista por el reparto de capitales, ganancias y colonias. Las potencias emergentes imperialistas se enfrentaban y se disputaban, ahora sobre la vía armada y bélica, el mundo. El desarrollo del capitalismo en el ámbito nacional tuvo como consecuencia la concentración y centralización del capital, producto, a su vez, de la intensificación de la producción bajo criterios científicos y el desarrollo de la productividad. Esto generó la aparición y expansión de las grandes compañías y empresas que actuaban, en el marco nacional, de manera monopolística. La fusión del capital bancario con el industrial permitió una amplia expansión del gran capital y de la alianza entre dicho capital monopolista y el estado burgués. Los estados emergentes (caso de Alemania, EE.UU, y Japón) quisieron disputarle a las viejas potencias colonialistas el reparto mundial y redefinir las áreas de influencia, y realizar un nuevo reparto neocolonial, permitiendo la exportación de capitales nacionales hacia otros mercados internacionales. Estalla, en esas condiciones, la guerra mundial imperialista. Eso es lo que ocurría en el bando capitalista. Y en el bando proletario ¿cuál era la situación cuando Lenin analiza la significación política de la consigna de los Estados Unidos de Europa?

El movimiento obrero había alcanzado su más destacado avance en Alemania. Se había constituido grandes sindicatos que agrupaban a la mayor parte del proletariado alemán. Éste había desarrollado, como en ningún lugar del mundo en ese momento, su organización de clase, el partido obrero, que unía a grandes masas de obreros y obreras bajo sus filas; clubs obreros, prensa obrera, clubs deportivos y culturales, diputados, concejales, sindicatos, organizaciones de bases del partido, constituían una enorme maquinaria, casi un estado paralelo al burgués, donde se agrupaba, con enorme poder, el proletariado alemán.

El estado alemán y su burguesía eran plenamente conscientes de esa enorme fuerza social y política que tenía en frente. Su actitud de represión y aniquilamiento ante esa fuerza, expresada en la Ley de Excepción decretado por Bismarck había fracasado rotundamente, y no había impedido, más bien al contrario, el fortalecimiento del movimiento obrero y su partido en Alemania. La burguesía alemana era consciente de que a través de la fuerza y la represión no podía derrotar al proletariado, pero también era plenamente consciente de las necesidades del proceso de acumulación de capitales, que obligaba a la burguesía y al estado alemán a disputar a las otras burguesías nacionales la política colonial y los beneficios de ésta. En función de esa necesidad, la burguesía atrajo al representante político del proletariado a las prebendas institucionales, evitó el conflicto social, el enfrentamiento con los sindicatos, e intentó atraer a los dirigentes sindicales al pacto social, a la vía del consenso y la institucionalidad. A la vez otorgó a la socialdemocracia participación democrática en la gestión política de la sociedad burguesa y sedujo a una capa de la clase obrera alemana con el pacto colonial para situar a Alemania en el juego internacional del reparto imperialista del mundo. Y buena parte de la socialdemocracia alemana cayó en la trampa diseñada por la burguesía, ésta necesitaba la paz interior a fin de de volcar los esfuerzos de la clase obrera al fortalecimiento de la maquinaria y la industria bélica del país. El poderoso movimiento político del proletariado alemán que le disputaba la hegemonía social a la burguesía y que estaba en condiciones de avanzar decididamente hacia el derrocamiento de la burguesía y el capitalismo, pactó, por el contrario, con éstos para adocenar su práctica y realizar una política y un discurso plenamente reformista e integrador en el capitalismo.

Lenin junto a las fuerzas revolucionarias del proletariado europeo e internacional se percató de este desplazamiento ideológico de la socialdemocracia alemana y otras socialdemocracias nacionales, y combatió enérgicamente dicho viraje ideológico dentro de una lucha tenaz por el marxismo revolucionario.

El punto culminante de esa lucha ideológica en el seno del movimiento obrero internacional fue la votación por parte de la mayoría socialdemócrata en el parlamento alemán a favor de los créditos de guerra para la burguesía alemana. Fue la plasmación de la traición teórica y práctica del partido obrero alemán , de su dirigencia, hacia el movimiento obrero en su conjunto.

A partir de ese momento la lucha de clases, en todas sus vertientes, alcanza una nueva etapa y dimensión; más aguda, más fiera, más intensa. Y Lenin y los bolcheviques no dudan en entrar en ellas con todas las armas teóricas, organizativas, propagandísticas y movilizadoras bien engrasadas y desarrolladas. La lucha era a vida o muerte, sin concesiones y debía suponer la derrota total del enemigo ideológico: el reformismo y el oportunismo aliados a la burguesía. El enemigo entraba de lleno en el campo obrero y popular y era ahí donde había que desarrollar la lucha más tenaz y persistente, en campo propio.

Esta situación vivida, en estos tiempos, nos remite a la actual. La crisis capitalista se profundiza, y con ella la competencia interimperialista. Como antes, ahora también, la burguesía recurre a la guerra y a la escalada de armamentos, a la injerencia neocolonialista para asegurarse posiciones de fuerza para el reparto de beneficios y apropiación de recursos naturales y económicos. Y como ayer, seduce y arrastra a buena parte del movimiento obrero y de las fuerzas reformistas para superar la crisis a través de políticas que no cuestionan la propiedad privada sobre los grandes medios de producción y distribución y que aseguren el incremento del proceso de acumulación de capital. También, por tanto, se exige por parte de las fuerzas y destacamentos revolucionarios un incremento en la lucha ideológica a fin de derrotar las posiciones reformistas y pequeño burguesas en el campo obrero y popular.

Volviendo al análisis concreto del artículo de Lenin, no deja de llamar la atención, lo sutil del análisis leninista; diferencia entre el contenido político y el económico en la consigna de los Estados Unidos de Europa; y así señala que políticamente dicha consigna es correcta, dado que coloca la necesidad del “derrocamiento revolucionario de las monarquías rusa, alemana y austriaca” y, por tanto, vincula el avance democrático y las transformaciones políticas democráticas con el avance hacia la revolución socialista, señalando, además, que ésta (la revolución socialista) “no es un acto único, sino todo un proceso de violentas conmociones políticas y económicas de la lucha de clases”. Tenemos, por consiguiente, una visión profundamente dialéctica en la concepción revolucionaria de Lenin que adquiere enorme valor hoy en día.

Pero a partir de este análisis, Lenin entra de lleno en el estudio económico de la consigna y llega a una importantísima conclusión:” Desde el punto de vista de las condiciones económicas del imperialismo, es decir, de la exportación de capital y del reparto del mundo entre las potencias coloniales “avanzadas” y “civilizadas”, los Estados Unidos de Europa, bajo el capitalismo, son o bien imposibles o reaccionarios”. Y aquí, se muestra Lenin, como un científico social producto de su dominio del marxismo y su aplicación dialéctica, llegando a dicha conclusión, que ésta si es una conclusión política; bajo el capitalismo, los Estados Unidos de Europa o bien son imposibles desde una perspectiva democrática y progresista, o bien son reaccionarios. Y esa es justamente el punto de partida para los revolucionarios hoy en día con respecto a la consigna de los Estados Unidos de Europa. Que bajo las condiciones del desarrollo del capital, la Unión Europea, (como forma política actual de los Estados Unidos de Europa) es reaccionaria para el conjunto de los pueblos y de la clase obrera internacional. Porque bajo las condiciones de dicho desarrollo capitalista, la UE no puede excluir la competencia y la política de reparto imperialista, ya que, precisamente, son su esencia económica, que es la de favorecer el proceso de acumulación de capital que tiende hacia la centralización del mismo en torno a grandes monopolios y empresas que compiten, en el mercado internacional, con otras grandes corporaciones en una lucha interimperialista que se agudiza.

Esta conclusión política, que se deriva del artículo de Lenin, cobra una importancia capital en la actualidad en el debate de las fuerzas revolucionarias y comunistas. ¿Es la UE reformable y progresista, desde la perspectiva de los cambios democráticos, para el avance de los pueblos y la clase trabajadora hacia la revolución socialista?

Lenin en 1915, en función de las mismas claves políticas del debate en el seno del Partido Bolchevique, contestó de manera rotunda que no. Pero ¿en qué claves fue su contestación? Pues señalando de manera objetiva lo siguiente:

a) La desigualdad del desarrollo económico y político; es una ley absoluta del capitalismo.

b) Que bajo el capitalismo, la UE es lo mismo que un acuerdo sobre el reparto del mundo y sus zonas de influencia (colonias lo denominó el mismo Lenin en función del desarrollo en ese momento de la política imperialista). Pero bajo el capitalismo ese reparto no puede ser de otra manera que bajo la fuerza; es decir, bajo el militarismo, la violencia y la injerencia bélica, y la carrera armamentística de la propia UE.

c) Que bajo el capitalismo la guerra no está en contradicción con la base de la propiedad privada, es el desarrollo directo e inevitable de esas bases.

d) Que bajo el capitalismo es imposible el crecimiento económico parejo de cada empresa y de cada estado. Y en ese sentido se observa una tendencia hacia una Europa divida entre un norte poderoso y hegemónico económicamente y un sur empobrecido.

e) Que bajo el capitalismo no hay más recursos para restablecer de tiempo en tiempo el equilibrio roto que las crisis en la industria y las guerras en política.

Estas conclusiones políticas son plenamente actuales y la realidad objetiva no hace más que confirmarlas. Este artículo escrito hace 100 años nos da armas teóricas de mucho valor y contundencia en la actualidad, a las fuerzas revolucionarias y comunistas que hacen de su lucha contra el polo imperialista de la UE un elemento definidor de su política revolucionaria. El valor leninista radica en la capacidad de sincronizar, a través del análisis dialéctico, entre las consignas políticas movilizadoras y agitativas, con la coherencia en el análisis económico de las condiciones reales y objetivas de las leyes y la lógica del capital. Precisamente la lucha de clases opera sobre esas condiciones económicas y sociales del proceso de acumulación y las consignas políticas deben ser un impulso organizativo, movilizador y agitativo que teniendo en cuenta esas mismas condiciones objetivas, tiendan a transformar las aptitudes subjetivas de las masas para activarlas como sujetos políticos y no como objetos pasivos de esas mismas condiciones. Las consignas políticas de las fuerzas comunistas deben ayudar en el avance consciente hacia la revolución socialista favoreciendo la organización y la movilización de las masas obreras y populares para superar y aniquilar las condiciones económicas y sociales del proceso de acumulación de capital. Y para ello las enseñanzas de Lenin se vuelven imprescindibles.