
La violencia machista continúa y sigue siendo una de las violaciones más sistemáticas y extendidas de los derechos humanos en todo el mundo y tras décadas de lucha no sólo persiste, sino que está en aumento. A nivel global los datos son abrumadores: una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, los feminicidios aumentan cada día. A nivel estatal los casos de violencia machista que han requerido protección policial se han incrementado un 5,3% respecto al año anterior, incluyendo 1.384 víctimas menores de edad registradas, demostrando que la violencia machista empieza desde edades muy tempranas; el acoso en redes sociales y las agresiones sexuales a niñas y adolescentes se han disparado.
Una situación que se agrava con el aumento de las posiciones reaccionarias, el crecimiento de los movimientos y discursos antigénero, especialmente promovidos por sectores ultraconservadores, religiosos o nacionalistas. Los hombres jóvenes asumen cada vez más el discurso negacionista de la violencia de género, que afirman temer denuncias falsas, un bulo ampliamente difundido como acreditan la fiscalía que indica que se trata del 0,01% de los casos, y acusan a las leyes de violencia de género de ser discriminatoria con los hombres, anécdotas en un mar de violencia contra las mujeres y con 1317 asesinadas según datos oficiales desde 2003.
Esta reacción no surge en el vacío: se da en medio de una crisis global del capitalismo, donde las mujeres —especialmente las pobres, migrantes y racializadas— soportan el peso del desempleo, la precarización, la sobrecarga de cuidados y el desmantelamiento de servicios públicos. La violencia hacia las mujeres trabajadoras se reproduce en el trabajo, el Estado, los medios y el mercado.
Pero la juventud se muestra dividida, frente a esta oleada reaccionaria de una parte de la población juvenil de hombres que se confronta con la posición progresista de las mujeres jóvenes y el movimiento feminista que no ha cedido terreno, demostrando capacidad de resiliencia, articulación y respuesta social.
La violencia machista no es un problema aislado ni culturalmente neutral: es una herramienta de control dentro de un sistema que combina patriarcado y capitalismo. Esta violencia, que afecta a millones de mujeres y disidencias en todo el mundo, se intensifica en este contexto de capitalismo en crisis económica precariedad y desigualdad sistémica, que intensifica la explotación y la opresión. Las mujeres trabajadoras, migrantes y racializadas enfrentan violencia económica, laboral y doméstica, mientras los Estados destinan billones a armas y guerras en lugar de garantizar derechos básicos como salud, educación y vivienda.
El rearme y la militarización agravan la violencia patriarcal. En conflictos armados, las mujeres son víctimas de violaciones, desplazamientos forzados y esclavitud sexual. En tiempos de «paz», la violencia machista se normaliza como parte de un sistema que nos deshumaniza y mercantiliza.
Frente a este panorama, el feminismo de clase plantea que la opción del feminismo institucional con la socialdemocracia al frente, basadas en políticas punitivas o cuotas de poder, no sirven para nada si no se transforma el modelo que explota, empobrece y violenta. Necesitamos un feminismo que sepa que la violencia no empieza con el golpe, sino con la precariedad, el desalojo, el recorte, la frontera y la invisibilidad y que lucha por la transformación profunda del sistema que sustenta esa violencia. Desde esta perspectiva de clase, entendemos que la lucha contra la violencia de género es inseparable de la lucha contra el capitalismo. En el PCPE, entendemos que la lucha contra la violencia de género debe ir de la mano con la lucha de clases, no es posible la emancipación de las mujeres sin la destrucción del sistema capitalista que sostiene estas estructuras de opresión y no es posible la transformación social sin la igualdad real de las mujeres. ¡La liberación de las mujeres es la liberación de toda la clase trabajadora!
¡Basta de violencia contra las mujeres!
Contra la violencia machista y el capitalismo: feminismo de clase o barbarie.
Comentarios recientes