
PAZ
No en abstracto ni desligada de nuestras condiciones materiales de vida ni de nuestra solidaridad internacionalista. Cuando el imperialismo asesina mujeres en Palestina o bombardea escuelas y hospitales en Irán, debemos señalar a los responsables: a quienes provocan las guerras, se benefician de ellas y condenan a los pueblos a pagar sus consecuencias.
En contextos de guerra, las mujeres trabajadoras padecen con especial crudeza sus efectos: desplazamientos forzados, violencia sexual como arma de guerra, pérdida de medios de subsistencia, sobrecarga del trabajo de cuidados y destrucción de los servicios públicos. Recae sobre las mujeres la responsabilidad de sostener la vida: alimentar, curar, cuidar, reconstruir. Mientras el capitalismo destruye, las mujeres garantizan la supervivencia cotidiana.
Bombardear y matar no emancipa a las mujeres ni a sus hijos e hijas, ni libera a los pueblos; al contrario, destruye las ya frágiles condiciones materiales de su existencia.
La paz no es solo ausencia de guerra, sino ausencia de explotación, opresión y dominación. Se construye garantizando los derechos que el capitalismo niega a la clase trabajadora en general y a las trabajadoras en particular. La guerra empieza cuando esos derechos nos son arrebatados.
Luchar por la paz es inseparable de la lucha contra el patriarcado que el capitalismo reproduce; contra la violencia machista y contra la violencia estructural, laboral, económica, colonial e imperialista.
La lucha por la paz es feminista, internacionalista y revolucionaria. Defenderla es una tarea colectiva en la que las mujeres trabajadoras no somos acompañantes, sino protagonistas. Reivindicar la Paz desde una perspectiva feminista de clase implica apostar por una transformación profunda de la sociedad: luchar por el socialismo.
TECHO
Somos las mujeres del pueblo trabajador quienes debemos elegir entre pagar el alquiler o comprar las medicinas; quienes soportamos en mayor medida la pobreza en los hogares monoparentales. Somos también quienes, mayoritariamente, vivimos en habitaciones realquiladas sin contrato o en convivencias forzadas; quienes encadenamos situaciones inestables durante años o no podemos romper el círculo de la violencia por carecer de techo propio. La violencia no termina cuando cesan las agresiones: continúa cuando el sistema no garantiza un hogar digno y seguro.
Migrantes sin documentación y mujeres con empleos extremadamente precarios quedan fuera del mercado formal del alquiler. No figuran en los recuentos oficiales, pero viven en permanente inseguridad residencial. No es un problema individual, sino la consecuencia de un modelo que expulsa a quien no puede asumir los precios del mercado.
La desigualdad también se refleja en el diseño de las ciudades. Barrios periféricos alejados de servicios básicos, transporte insuficiente, ausencia de equipamientos públicos y espacios inseguros. La vivienda y el entorno urbano condicionan directamente la autonomía de las mujeres y limitan nuestra participación plena en la vida social, política y laboral.
Defender el derecho a techo es defender la dignidad y la seguridad. La vivienda no es una mercancía: debe garantizarse como un derecho para todas. La lucha por la vivienda es en esencia, feminista y anticapitalista.
TRABAJO
Tienen nombre de mujer los salarios más bajos en sectores feminizados: cuidados, comercio, limpieza, maquilas, trabajo doméstico… los empleos parciales y temporales. En la Unión Europea, casi un tercio de las mujeres ocupadas trabaja a tiempo parcial.
La brecha salarial de género a nivel mundial ronda el 20 %, en el Estado español está en un 15,74% – 18% según la fuente.
El empleo parcial reduce los ingresos y repercute negativamente en las cotizaciones y otros derechos como pensiones. La brecha de pensiones en la Unión Europea supera el 25 %.
El 8 de marzo no se trata de romper techos de cristal, sino de cuestionar un sistema que concentra riqueza y nos precariza. No se trata de igualdad formal sino de las condiciones materiales de vida. Mientras el trabajo femenino siga siendo más barato, inestable e invisible, la igualdad sencillamente no existirá.
El 8 M la lucha feminista es una lucha por justicia social y económica, es lucha contra las bases materiales de la desigualdad y la explotación.
Viva el 8 de Marzo
Viva la lucha de las trabajadoras
En la calle por PAZ, TECHO, TRABAJO
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