
En estos días ha salido a la luz la noticia de la posible adjudicación irregular de viviendas públicas en nuestra ciudad. Parece que nos vamos acostumbrando a que Alacant sea ciudad de luz, playas y corruptos/as.
Y es que es una lacra, esto de la corrupción, que no nos quitamos de encima, por más que nos empeñemos en cambiar de gestores municipales. Quizá el problema no esté en quién gobierna el consistorio municipal, provincial, autonómico o estatal, sino bajo qué sistema se ejerce ese mandato: un sistema capitalista que necesita convertir los derechos fundamentales en mercancías, sea la sanidad, la educación, las pensiones o, como en este caso, la vivienda. Y como tales mercancías son pasto de la corrupción empresarial e institucional, que siempre van juntas.
Vivimos en una sociedad caracterizada por un capitalismo en descomposición. Incluso sus «valores» más perniciosos se exacerban y se hacen más intolerables ética y moralmente. Por eso mismo, la corrupción es sistémica y totalitaria.
Decimos totalitaria, porque junto a la simple y básica práctica del «choriceo» patrio hay en paralelo una corrupción «legal» en términos jurídicos pero denostable según el buen entendimiento de aquellos y aquellas que honradamente y con esfuerzo de currante sacrificado, pagamos nuestra comida, calefacción y techo. Eso sí, los que podemos, porque cada vez es más difícil para amplios sectores populares.
Esta corruptela, que denominamos «legal», está auspiciada por las instituciones. Por medio de ella se permite que los escasos solares públicos se malvendan para beneficio de empresas privadas que solo buscan el pelotazo, o que se vendan viviendas VPO por más de 200.000 euros, lo que no parece muy asequible para la mayoría de los «sin techo» y sí para quienes ya tienen varios en su patrimonio y especulan con su precio de compra-venta y su renta de alquiler.
Quizá llegue el día en que la mayoría de quienes pertenecemos a la clase trabajadora podamos permitirnos viviendas en zonas «privilegiadas», con servicios públicos de calidad, con «urba», piscina y garaje privado (como los de la promoción de la discordia). Previamente deberemos garantizar que nadie se queda fuera del reparto y, desde luego, debemos tener claro que eso no vendrá de la mano de un sistema que favorece a las grandes empresas y compra, con las migajas de la corrupción «legal», a aquellos y aquellas que, desde puestos de decisión en la administración pública, limpian las botas de los magnates, trincando ilegalmente lo que no les corresponde.
Y RECUERDA:
¡¡¡ NO HAY CAPITALISMO SIN CORRUPCIÓN !!!
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