
Un año más, las comunistas y los comunistas del PCPE conmemoramos el Día del Guerrillero. No rendimos un tributo vacío, venimos dar una batalla: la batalla de la memoria. Quien controla la memoria controla el presente, y la burguesía lo sabe perfectamente.
Los guerrilleros fueron la expresión más pura de la resistencia de nuestro pueblo. Cuando en 1939 la República fue derrotada por las armas, cuando el fascismo impuso un régimen de terror, cuando las potencias “democráticas” reconocieron a Franco, hubo hombres y mujeres que no aceptaron la derrota. Se echaron al monte y durante más de una década mantuvieron viva la llama de la libertad.
Pero no hubo una sola guerrilla. Es necesario nombrarlas para rescatar nuestra historia completa y poner en valor la organización guerrillera:
· Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA), la más estructurada, con escuela de guerrilleros en La Cerollera y periódico El Guerrillero.
· Agrupación Guerrillera de Galicia (AGG) y sus cuatro grupos, uno de ellos con base subterránea en el valle del Eume.
· Federación de Guerrillas de León-Galicia, de dirección socialista, primera organización guerrillera de posguerra, con César Ríos y Manuel Girón.
· Agrupación Guerrillera de Alto Aragón.
· Agrupación Guerrillera de Extremadura, con partidas en Cáceres y Badajoz.
· Agrupación Guerrillera de Ciudad Real.
· Agrupación Guerrillera de Toledo.
· Agrupación Guerrillera de Córdoba.
· Agrupación Guerrillera de Granada-Málaga, con el mítico grupo Roberto.
· Agrupación Guerrillera de Albacete, Cuenca y Teruel.
· Agrupación Guerrillera de Santander, de composición mixta.
· Agrupación Guerrillera de Asturias.
· Guerrilla de Madrid, de tipo urbano.
· Guerrilla de Barcelona, con Quico Sabaté y Facerías.
· Guerrilla de Cádiz, grupo Fermín Galán, mixto.
· Guerrilla de Almería.
· Y otras partidas en Sevilla, Málaga, Valencia, Euskadi, Navarra, La Rioja, Burgos, Soria, Guadalajara, Ávila, Segovia, Salamanca, Zamora, Valladolid, Palencia, Mallorca, Canarias… La lista es larga porque la resistencia fue obstinada.
El régimen del 78, heredero directo del franquismo, ha intentado borrar esta historia. La Transición no fue una ruptura democrática, fue una operación de olvido organizado. La Ley de Amnistía de 1977, la Ley de Memoria Histórica de 2007, la llamada Ley de Memoria Democrática de 2022: todas comparten el mismo propósito, convertir la memoria en un gesto simbólico para que nada cambie. Mientras tanto, las fosas comunes siguen sin abrirse, los torturadores murieron en la cama y la estructura del Estado de la dictadura maquillada en forma de «monarquía parlamentaria».
Frente a esa memoria domesticada, nosotros oponemos la memoria combativa. De los guerrilleros no aprendemos anécdotas, aprendemos cuatro valores que son hoy más necesarios que nunca.
Constancia. Cuando todo estaba perdido, cuando el mundo entero les daba la espalda, siguieron luchando. Hoy, cuando el Régimen del 78, el de la patronal, nos impone la precariedad, cuando la juventud es expulsada de sus barrios por la especulación, cuando el fascismo vuelve a levantar la cabeza, la constancia es no rendirse jamás.
Determinación. Los guerrilleros no pidieron permiso para ser libres. No esperaron a que las condiciones fueran óptimas. Actuaron. Hoy la determinación significa no aceptar el marco de “no hay alternativa”, significa romper la disciplina del miedo.
Organización. Eran un ejército irregular con estructura, con disciplina, con estrategia. La organización es lo que convierte la rabia en fuerza. Sin organización no hay victoria posible.
Sacrificio. Dieron la vida por la clase obrera. No para que les recordemos con lágrimas, sino para que continuemos su lucha. El sacrificio no es una palabra hueca: es el compromiso de poner nuestra vida al servicio de la emancipación.
La batalla de la memoria es hoy una batalla contra el régimen del 78. Los mismos aparatos represivos, la misma oligarquía, la misma sumisión a la OTAN y a los mercados. Cambiaron las formas para perpetuar el fondo.
Por eso, este XXXVIII Día del Guerrillero no es un acto de duelo, es un acto de combate. Rescatamos nuestra historia para aprender de ella, para no repetir errores y para reconocer aciertos. La guerrilla nos enseñó que la clase obrera, cuando se organiza y se decide, es capaz de hacer temblar al poder. Esa es la auténtica memoria. La que no pide perdón, la que no se arrodilla, la que no olvida.
Sigamos su ejemplo.
Organicémonos, luchemos, venzamos.
¡Honor y gloria a los guerrilleros!
¡Por la República Socialista Confederal!
¡Ni olvido ni perdón!
Secretaría de Memoria Histórica y Lucha Republicana.
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