Europa 100 años después de la I Guerra Mundial. Capitalismo: crisis, fascismo, guerra. La lucha de los partidos comunistas y europeos por una Europa del socialismo, de la paz, de la justicia social

Oct 3, 2014 | Internacional | 0 Comentarios

Contribución del PCPE al Encuentro Europeo de Partidos Comunistas y Obreros
Bruselas, 2 de octubre de 2014

Estimados camaradas:

es para nosotros una satisfacción estar en este Encuentro con tantos partidos comunistas y obreros hermanos y estamos convencidos de la importancia de este tipo de encuentros y reuniones multilaterales para el desarrollo de las posiciones comunistas en nuestro continente.

En esta ocasión discutimos sobre un asunto que tiene una gran trascendencia para el conjunto del movimiento comunista europeo, no sólo por la necesidad que tenemos los y las comunistas de analizar de forma rigurosa los acontecimientos del pasado, sino sobre todo porque este análisis nos ayuda a definir mejor nuestra táctica y nuestra estrategia en un momento como el actual, donde la competencia imperialista se está expresando con gran brutalidad como consecuencia de la profunda crisis que atraviesa el conjunto del sistema capitalista.

Discutir sobre la I Guerra Mundial no es ningún ejercicio de retórica ni de historicismo, sino que es un tema de enorme actualidad, del que no cabe duda que podemos extraer importantes lecciones para los retos que enfrentamos hoy. El papel de las distintas potencias capitalistas, la diversidad de acciones que la burguesía lleva a cabo para mantener su tasa de beneficio y su control de los recursos, el papel del oportunismo y la responsabilidad de las fuerzas comunistas consecuentes son asuntos claves no sólo para el análisis de la lucha de clases en Europa, sino también para la valoración de la ruptura en la II Internacional.

La situación que llevó al estallido de la I Guerra Mundial se caracerizaba, igual que en nuestros días, por una profunda crisis económica que afectó seriamente a las tasas de crecimiento de las economías de las principales potencias imperialistas, radicadas en ese momento en Europa.

Por otra parte, la guerra fue precedida en el tiempo por la consumación del fin de la hegemonía británica en el escenario internacional, elemento que se puso de manifiesto en la Conferencia de Berlín, donde se dio inicio a una fase en la que las diferentes potencias imperialistas lucharon denodadamente por resituarse y ganar posiciones ante el inmenso botín que suponía el continente africano.

La socialdemocracia de aquella época, aglutinada en torno a la II Internacional, no fue capaz de mantener una voz unificada ni un análisis riguroso ante los acontecimientos que se iban produciendo, lo que sin duda está en el centro de los acontecimientos que dieron lugar a su total bancarrota y a la ruptura definitiva de la socialdemocracia clásica en dos corrientes: la oportunista y la revolucionaria.

Para el PCPE la situación de hoy día, salvando las evidentes distancias que suponen 100 años de historia europea, es esencialmente similar: una profunda crisis de alcance imprevisible, una situación donde la hegemonía norteamericana está siendo disputada firmemente por otras potencias y bloques y donde, por último, la posición del movimiento comunista está siendo poco o nada unificada más allá de la retórica.

Si nos atenemos a los hechos, en pocas ocasiones en la historia existió un mundo más “multipolar” que en la víspera de la I Guerra Mundial lo cual, como se ha podido comprobar, no fue ninguna garantía para la paz mundial, sino todo lo contrario.

Hoy, muchos hablan de avanzar hacia esa misma multipolaridad afirmando, sin que se sepa muy bien sobre qué base, que es la forma de evitar futuros conflictos, mediante una suerte de juego de contrapesos entre las potencias y bloques imperialistas. La experiencia de la I Guerra Mundial nos indica que eso no será así, y además nos indica que el papel del movimiento obrero revolucionario es esencial para evitar que la clase obrera de nuestros respectivos países pueda lanzarse de lleno a nuevas confrontaciones militares generadas para beneficio de las oligarquías respectivas.

Queremos llamar la atención sobre el peligro que, en particular en Europa, corremos si no caracterizamos adecuadamente el papel de la Unión Europea y las relaciones que ésta desarrolla con otras potencias como los EEUU y Rusia. Para nosotros es esencial que el papel y la naturaleza de la UE estén claras en el análisis de los partidos comunistas y obreros, entendiendo que se trata de una alianza imperialista de Estados que, pese a sus declaraciones engañosas y su retórica “social”, busca el fortalecimiento de los monopolios con base en su territorio mediante la ampliación de mercados y la garantía de suministros energéticos suficientes para mantener los niveles de producción, lo cual conduce ineludiblemente a la clase obrera a una situación de mayor explotación.

Al mismo tiempo, vivimos en un mundo donde la característica económica internacional es cada vez una mayor interdependencia, que nosotros entendemos que se produce de forma desigual a nivel mundial, pero que indudablemente hace que las distintas potencias se vean forzadas a alcanzar acuerdos y forjar alianzas coyunturales con el único objetivo de no empeorar su posición relativa en la cadena imperialista. La cuestión de las sanciones comerciales a Rusia y el asunto del gas son un buen indicador de esto, al mismo tiempo que el desarrollo del Tratado de Libre Comercio entre la UE y los EEUU.

Esta interdependencia no excluye, en ningún momento, la existencia de fuertes contradicciones que se van agravando a medida que los recursos básicos y las materias primas se vuelven más escasas y, con ello, más esencial para las potencias su control.

Ante un panorama cada vez más inestable y volátil, del que el caso ucraniano es un buen ejemplo en estos momentos, los Partidos Comunistas y Obreros europeos debemos situar en un lugar muy destacado de nuestras agendas el asunto de la lucha contra la guerra y las agresiones imperialistas, el armamentismo y la militarización de la economía.

Cobra especial importancia hoy desarrollar al máximo las herramientas de coordinación regional con que contamos, vinculándolas a los instrumentos de cooperación comunista internacional mundiales que, al mismo tiempo, han de ser reforzados sin demora.

Al mismo tiempo, hemos de poder avanzar en el desarrollo de los espacios regionales de organizaciones caracterizadas por su antiimperialismo, como la FDIM, la FMJD, el CMP o la FSM, en la perspectiva de un frente antiimperialista mundial que ponga en el eje central la lucha contra la guerra

En el campo de la lucha ideológica, es más necesario que nunca redoblar esfuerzos en la lucha por la clarificación de las posiciones en el seno del movimiento comunista, desarrollando un combate sin cuartel contra las posiciones oportunistas que promueven la defensa de unas potencias u otras.

Los Partidos Comunistas y Obreros debemos estar preparados para intervenir políticamente en el caso de nuevas guerras imperialistas: exigiendo el retorno de militares en misiones imperialistas, obstaculizando el desarrollo de los planes militares en territorio propio (bases militares, traslados de soldados, vuelos CIA, etc.), y luchando por la retirada del país propio de los bloques y alianzas imperialistas como la UE y la OTAN como elemento directamente asociado a la lucha por el socialismo–comunismo.

Por último, los Partidos Comunistas y Obreros debemos estar preparados para el caso de que nuestros respectivos países entren en confrontación directa en una guerra imperialista. En tal caso, nuestro objetivo no debe ser otro que luchar por convertir la  guerra imperialista en guerra civil revolucionaria. En este sentido, las enseñanzas que nos ofrece la experiencia revolucionaria rusa de 1917 son valiosísimas, así como todo el debate mantenido entre Lenin y los oportunistas en la II Internacional.

Es más que probable que seamos testigos de cómo las fuerzas oportunistas vuelven a firmar los créditos de guerra, dejándose arrastrar por su propia burguesía y perdiendo de vista las posiciones internacionalistas. La táctica de los Partidos Comunistas y Obreros habrá de pasar, entonces, por una línea clara de debilitamiento de la burguesía propia mientras se apunta a la toma del poder político por la clase obrera, llegando incluso a proceder a la firma separada de la paz si fuera necesario para el fortalecimiento de la revolución.